viernes, 19 de noviembre de 2010

¿Porqué un seminario de la Mujer Rural?


Fundamentación

Es bastante conocido el hecho que las mujeres rurales, particularmente las andinas y amazónicas,  son el grupo más pobre y excluido de la población peruana[1]. Esta situación se confirma desde diversos acercamientos: Acceso a los servicios públicos, mortalidad materna, nivel educativo, acceso al trabajo, nivel de ingreso, acceso a la propiedad,  violencia familiar, etc. Sinesio López mostró  que ellas eran quienes tenían los mayores obstáculos para acceder a sus derechos y ejercer su condición ciudadana.[2]

Es una situación con un largo pasado, pero diversos esfuerzos consiguieron en las últimas décadas iniciar un proceso de cambio de esta situación, teniendo como uno de los aspectos más saltantes el de la organización y formación de liderazgos femeninos, reivindicando diversos derechos. Se puede decir que las mujeres se hicieron más ciudadanas, aunque las condiciones de pobreza y discriminación no se modificaron significativamente.

Durante las últimas décadas, el escenario nacional de crecimiento económico, basado predominantemente en la exportación de materias primas y productos agrícolas, la profundización de las políticas de libre comercio, la presencia de grandes inversiones extractivas; el impulso de políticas sociales tanto en el campo de la salud y la educación (entre ellas “Juntos”), la mayor integración física y comunicativa del país, los movimientos de resistencia (particularmente el indígena amazónico), así como el desarrollo de nuevas líneas de trabajo y promoción desde la sociedad civil dirigidas a poblaciones rurales y en particular a las mujeres, podrían estar diseñando un nuevo escenario en el que la situación de la mujer rural y su ubicación en la economía puede estar cambiando de manera importante.[3] [4]Estos diversos cambios tienen relación con la mudanza en otras dimensiones de la vida de las mujeres rurales y  tiene consecuencias en las de los demás grupos con los que ellas se vinculan.

En esa perspectiva anotamos como datos a tener en cuenta la reducción del analfabetismo femenino[5], la feminización del trabajo[6], el incremento de la migración, el mayor número de hogares que tienen como cabeza de familia a una mujer[7], el proceso asociativo y de organización productiva de las mujeres,  la reivindicación de la identidad étnica, los cambios en la legislación relacionada con el derecho al patrimonio[8], etc.

El seminario Mujer Rural pretende ser un espacio que permita tener mayores luces acerca de la situación actual de las mujeres rurales en el marco de los procesos económicos y políticos en curso, que sea útil para diseñar y proponer políticas dirigidas a enfrentar de manera más eficiente la situación de pobreza y marginación que las afecta, y al fortalecimiento de su protagonismo y autonomía.

Se pretende que las ponencias brinden nueva información y conocimiento, así como propuestas de política, que sirvan para un trabajo de incidencia. 


[1] Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), las mujeres rurales en el Perú constituyen el sector poblacional con menor nivel educativo y evidencian mayores tasas de analfabetismo y mortalidad materna. Su esperanza de vida es de 7 años menor que el de las mujeres urbanas; poseen menos acceso a recursos y oportunidades de empleo, y presentan mayores niveles de desnutrición y anemia. La pobreza extrema se focaliza en la mujer joven (62,7%) y en especial afecta a las mujeres rurales.


[2] El nivel de acceso y control a los recursos productivos y económicos es mínimo y muy limitado. Su nivel de participación ciudadana es bajo. Sólo el 11.41% de la población femenina en zonas rurales  posee partida de nacimiento  y 9.49% poseen Documento Nacional de Identidad.


[3] Existen alrededor de 75 mil mujeres involucradas en el cultivo de café en el norte, nororiente, centro y sur del Perú, quienes manejan sus propias parcelas, siembran, cosechan, seleccionan y lavan el café, para después dejarlos en los centros de acopio de sus cooperativas. Posteriormente, los encargados de la gestión comercial colocarán el producto en diferentes mercados del mundo..


[4] Al respecto, la información del consorcio PROMUC, que reúne 12 instituciones que operan con bancos comunales, tenía a junio del 2007 más de 6,400 bancos comunales y alrededor de 126,000 clientes, de los cuales más del 95% está conformado por mujeres.


[5] Como se indicó, las mujeres rurales tienden a presentar mayores niveles de deserción por su ingreso a la edad fértil,  convivencia o matrimonio  temprano y el embarazo adolescente.. En el caso de las jóvenes de 12 a 16 años, la tasa de asistencia es de 62.2%  a diferencia del 92% de la niñas de 6 a 11 años de edad. En promedio, las jóvenes rurales alcanzan un promedio de 6.6 años de estudios. También influyen en la deserción las largas distancias que deben recorrer para llegar a la escuela y la demanda que reciben de  apoyo en las labores domésticas y productivas

[6] Las cifras estadísticas muestran que en los últimos años hay una mayor participación de la mujer en la Población Económicamente Activa-PEA, por su inserción creciente al mercado laboral, ya que de cada 100 mujeres de 14 y más años de edad consideradas aptas para desarrollar una actividad económica 46, forman parte de la fuerza laboral nacional y que según ámbito geográfico, la PEA femenina alcanza el 35%, en el ámbito Rural.
 De acuerdo a la SUNAT, el número de mujeres con negocios inscritas en el Registro Único de Contribuyentes (RUC) ha pasado de 708,323 en el 2002 a 1’485,000 en el 2007. En tanto que el 56% de las personas inscritas en el Registro Único Simplificado (RUS) son mujeres. Como se puede  apreciar, la participación de las mujeres en la conducción de la MYPE se ha incrementado en los últimos años. De acuerdo a datos oficiales, el 22% de las MYPE son conducidas por mujeres.

[7] Esta migración principalmente “masculina”, ha dado lugar al incremento de los hogares liderados por mujeres (se calcula que representan 20%). Esta migración, además de incrementar el número de mujeres jefas de hogar, también las ha convertido en principales agricultoras y productoras…

[8] Desde hace algunas décadas en el Perú la legislación ha ido avanzando en el reconocimiento del derecho de las mujeres a la propiedad. Se reconoció derechos hereditarios similares a ambos cónyuges, eliminando el tratamiento limitado que recibían las viudas, pues ahora se les reconoce derechos hereditarios similares a los hijos. Sin embargo, la mentalidad machista fuertemente presente en amplios sectores de la sociedad y en especial en el mundo rural, hace que esos derechos queden en letra muerta: el jefe del hogar es el varón, la herencia beneficia a los varones o en mayor proporción que a las hijas mujeres, el titular de las tierras es el esposo.